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No es la cita, es la actitud

Por Ing. Jaime Hernando Mayorga Pinzón

 

Las obras protegidas por el Derecho de Autor son objeto de constantes violaciones1 porque se considera que faltar a ese constructo legal es un asunto menor, pues no hay fuerza y el daño parece inexistente. Aunque el Derecho de Autor tutela las obras creadas por todas las personas, aquellos que aceptamos el reto de emprender una vida académica debemos comprenderlo y acatarlo en su plena vigencia, como parte de la construcción del currículum vítae de cada quien, así nuestra meta sea únicamente hacernos profesionales.

Se intentará explicar con un ejemplo cómo es posible afectar al Derecho de Autor con acciones simples, que aunque pretendan respetar la obra y a su creador, resultan afectando la creación o su función. Para empezar, es necesario considerar la especial relación del creador y su creación. Aunque es innegable que la obra o la innovación son producto de la inspiración o el trabajo denodado del creador, también es cierto que las creaciones cobran vida propia y, si su calidad o aplicación es sobresaliente, la creación pervive al creador. Aquí cabe citar a nuestro Nobel quien pronunció, en una entrevista concedida en el año en que le otorgaron el premio, la siguiente frase: "Puedo morir tranquilo ya soy inmortal"2 (Jaramillo, 2011). Si Gabo, al elaborar su razonamiento para la frase, consideraba su obra, coincidía con lo que se plantea aquí respecto a la relación creador creación y estaría equiparándose a Shakespeare, Cervantes, Ortega y Gasset, Homero y tantos otros que han llegado a nosotros a través del tiempo por la forma en que expresaron su comprensión del mundo que vivieron o imaginaron. Pero no sólo son los escritores inmortales, también están en este grupo Thomas Alba Edison, Madame Curie, Isaac Newton, Albert Einstein, Carlos Albán3, en fin, todos aquellos que han sido capaces de dedicar su intelecto a crear sin considerar a quien van a favorecer o deleitar.

El plantear que una obra pervive a su autor tiene como fin resaltar que las creaciones son entes vivos cuya existencia debemos reconocer y mantener y en la cuales debemos fundar nuestra propia creación o innovación sin necesitar subrogar al autor original4. Pero en ese actuar es posible causar daños o afectar las obras por simple descuido o por no preocuparse de entender cabalmente la obra y los constructos legales que buscan protegerla y mantenerla5.

El ejemplo con el que se pretenden mostrar las posibles faltas al Derecho de Autor, aun cuando se procuran acatar las previsiones legales, se basa en una frase que se adjudica a Albert Einstein, la cual en alguna de sus traducciones al español propone: "La imaginación es más importante que el conocimiento". Esta frase ha dado para interminables discusiones en Internet6, en páginas y blogs en los que las manifestaciones de las personas la señalan como sabia o como incongruente, dependiendo del juicio de cada quien que se atreve a participar en los foros. Si consideramos las diferencias que se originan en la interpretación al traducir knowledge, las páginas pueden triplicarse o más7 pues las discusiones no solo se dan en español. Hasta aquí lo único que es posible decir respecto al Derecho de Autor en relación con la frase ejemplo es que fue sacada de contexto, como más adelante se mostrará, y por ello se constituye una violación al derecho de integridad de la obra, pues esa frase no expresa clara y enteramente lo que respondió Einstein en la entrevista que le realizó, el 26 de octubre de 1929, George Sylvester Viereck para el Saturday Evening Post (Viereck, 1930) y por esa misma acción se da origen a tan profusa discusión sobre la multiplicidad en su significación.

Ese podría considerarse un mal menor al compararlo con lo que es posible encontrar en Internet al navegar con la frase ejemplo. Dentro del conjunto de creaciones que ha originado la discusión en torno a la oración, sacada de contexto, es posible hallar al menos dos fábulas que se han difundido en ese medio y permiten evidenciar otros irrespetos al Derecho de Autor. La primera de ellas refiere la historia de un perro perdido en la selva y la forma en que se libra de ser devorado por una pantera a pesar de que un mono interviene para que la pantera devore al astuto can. La moraleja de esta fábula es: "en tiempos de crisis, sólo La imaginación es más importante que el conocimiento". De ninguna manera se reconoce a Einstein por ser ese raciocinio una de sus expresiones famosas, configurando así un plagio agravado por la deformación de la obra al agregarle la frase: en tiempos de crisis, sólo (Fariña, 2014)8. La otra fábula refiere la acción que adopta un condenado a muerte que en juicio público es obligado a decidir entre dos posibilidades, que son la misma, y cuya consecuencia sería su muerte. La moraleja en este caso es la misma, pero se reconoce como autor de la frase a Albert Einstein aunque se ha adicionado la frase: en tiempos de crisis, sólo(Sanz, 2010)9. Esto significa que no podría hablarse de plagio, pero igual, la frase ha sido alterada por la introducción de tres palabras y dos conjunciones y nunca fue pronunciada por Einstein para ese propósito, si no como parte de la respuesta a la pregunta: ¿Entonces, usted confía más en su imaginación que en su conocimiento? (Viereck, 1930, p. 446).

La respuesta de Einstein fue:

I am enough of an artist to draw freely upon my imagination.
Imagination is more important than knowledge.
Knowledge is limited. Imagination encircles the world.

La traducción corre por cuenta del lector, porque ese sólo ejercicio permite evidenciar la vigencia y la importancia de la respuesta, que para este ejemplo es la obra, y cuya interpretación permite que cada quien logre ideas diversas sobre las posibilidades que nos da el imaginar como función esencial para lograr conocimiento. No es difícil aceptar que el conocimiento puede delimitar o sesgar la imaginación y que la libertad de imaginar puede llevarnos a soluciones o resultados que no se enmarcan dentro de lo conocido, por tanto podremos asimilar cabalmente lo planteado por Einstein en la expresión completa y nos habremos beneficiado realmente, mucho más como académicos y hombres de ciencia o técnica, que si nos dedicamos a crear fábulas o discutir frases fuera de contexto. Además, podemos aproximar en nuestras mentes el proceso que siguió Einstein para formular la teoría de la relatividad y sus demás aportes al conocimiento científico.

En conclusión, la respuesta de Einstein permite evidenciar que aún observando los preceptos legales de reconocer al autor y la obra es posible violentar la esencia de la misma o deformarla. No implica esto que las obras deban mantenerse incólumes, si no que debemos acercarnos a ellas con toda la atención y el respeto que merecen. No es suficiente con citar, debe adoptarse una actitud de asimilación y reconocimiento por la obra tal cual si su autor estuviese presente, entendiendo que ellas constituyen un reto, que el maestro o antecesor en el tema nos planteó para superar, desafío ante el cual nuestra actitud mínima es reconocer su prelación para cimentar nuestras afirmaciones sobre su reto, para lo cual es indispensable la cita de su obra o expresión.

Pretendiendo mayor ilustración sobre las acciones o faltas contrarias al Derecho de Autor aquí nombradas en relación con el ejemplo, se propone la siguiente tabulación considerando que la gravedad de la acción disminuye según el orden en que se enuncia:

Acción o FaltaViolación al Derecho de Autor
No mencionar al autor y deformar la obraPlagio y modificación no autorizada
Introducir frases o traducir descuidadamenteModificación no autorizada de la obra
Citar frases fuera de contextoModificación no autorizada de la obra

Las faltas que se afrontan en el trabajo académico respecto al Derecho de Autor se vulneran tanto los derechos morales como los patrimoniales, pero considerando que la mayoría de los textos o composiciones construidas fraudulentamente no tienen como fin alcanzar réditos, puede considerarse que la acción principal es modificar la obra o citarla fuera de contexto y subrogar al autor, faltas que atentan contra los únicos derechos morales que puede ejercer el creador porque difundir la obra o retractarse de ella son derechos ya agotados al momento en que se cometen las faltas. Así de fácil es incumplir el compromiso ético de todo miembro de la comunidad académica que acepta dar crédito a la fuente de información y respetar la obra consultada, evitando especialmente el incurrir en plagio (CSE&PP, 2009).

Con base en el ejemplo propuesto y ante los argumentos expuestos, se insiste en que la actitud que se asuma respecto a la obra es fundamental. La relación que establezca el lector con el autor y su obra define un comportamiento ético. En esa situación, es posible hacer uso honesto de las obras precisando siempre que es lo propio y que corresponde al autor citado. Así, para el caso de las fábulas citadas sería necesario decir: 'parafraseando a Einstein': "en momentos de crisis, sólo ...". Aunque siempre será mejor que un buen escrito concluya con la misma imaginación con que se concibió el resto del texto, especialmente, si no se está dispuesto a citar o no se conoce quién pronuncio la frase.

Pero, si lo verdaderamente interesante es realizar la cita fuera de contexto según el ejemplo, se deberá, además de dar el crédito correspondiente, buscar que la frase u oración citada corresponda con certeza a lo que se quiere resaltar, así no serán necesarias palabras o adiciones que constituyan atentados contra el Derecho de Autor. Para el caso de ejemplo circula una frase similar también atribuida a Einstein que dice: "El verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento sino la imaginación". Aunque su autenticidad no ha sido confirmada (The Quote Yard, 2005), el mensaje que transmite puede estar más orientado en esta oración a los propósitos en que ha sido citada la frase descontextualizada en textos académicos. Además, esta versión parece ser un compendio de varias expresiones de Einstein en relación con el mismo asunto.

Pero, ¿es válido asignar autor a una frase que no se puede atribuir auténticamente? Esto es tema para un ensayo que debe darse posteriormente. Por ahora, es suficiente con que se entienda que la obra es un ente vivo que se debe asimilar y respetar dando el debido reconocimiento al autor siempre, sin importar que éste viva, no se conozca o sea alguien que nunca será famoso. La actitud con que nos acerquemos a la obra nos permitirá, no solo beneficiarnos de ella, sino reconocerla como un reto planteado por quienes nos antecedieron en el tema y que exige nuestros aportes por la ciencia, la cultura o el esparcimiento. Si así lo hacemos, las leyes o pactos para asegurar el Derecho de Autor no serán necesarios. 

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